Escrito por Santiago Gamboa

“548 días en prisión (octubre 9, 2020)”, óleo y transparencia. Cortesía Fernando Parra, Bogotá, Colombia.
Y..a tenemos el fuego y tal vez los dioses lo olvidaron. Prometeo fue castigado hace ya mucho y un tiempo después del sufrimiento y los horribles tormentos pudo quedar libre (gracias a Heracles), pero el hombre, el ser humano frágil y abandonado, solitario en el mundo, aprendió de él el sentido verdadero de la rebelión y del sacrificio e incluso del sufrimiento posterior a la rebelión. Y no lo olvidó ya nunca. Supo que para ser libre debe rebelarse: del dios egoísta, del padre maltratador, del tirano ególatra, de las fuerzas que lo mantienen lejos de la razón en épocas en las que pensar y razonar son formas de la dignidad. El hombre se rebela contra el poder y este lo castiga. No hay humanismo sin dignidad y no hay libertad sin rebelión: ese es el verdadero sentido del fuego robado a los dioses.
Pero tampoco hay rebelión sin castigo.
Albert Camus, en L’homme revolté, nos dice que el verdadero héroe es el hombre que dice “no”, tal vez en medio de la multitud. Todos aceptan y aplauden, pero en medio hay una voz casi inaudible que se opone. Que dice no, aún si, según Camus, decir no es también un modo de aceptar parte de una situación, de no rechazarla del todo… Como si ese temeroso hombre dijera: puedo aceptar la opresión sólo hasta un punto, pero más allá de eso ya no la admito. Decir no es poner un límite a lo que puedo tolerar en medio de quienes aceptan y aplauden sin límites. Esta actitud es una de las más revolucionarias, más aún en este presente nuestro en el que todo aquel que no encuentra su lugar en el sistema, al estar desprovisto de ideologías, se culpa de su propio fracaso y se explota cada vez más a sí mismo creyendo que el origen de sus derrotas está dentro de él. Como dice el filósofo Byung-Chul Han: “Hemos cambiado la revolución por la depresión”.
Decir no. Algo tan sencillo. Como hace el personaje de Melville, Bartleby el escribiente, cuando constantemente responde: “I would prefer not to”. Preferiría no hacerlo. Es el hombre rebelde de Camus. Una versión más clásica del Dr. No. Pero hay algo más: decir no es también abrazar la soledad. Quedarse solo, tal vez para siempre. El sacrificio por la dignidad y la rebelión aleja al mártir. Uno está solo frente al universo.
Robar información clasificada de los estados más poderosos y distribuirla entre los ciudadanos comunes es una forma moderna de actualizar el sacrificio humanista de Prometeo. Revelar aquello que las oscuras entidades de este mundo esconden celosamente en sus archivos, hacerlo público para su vergüenza y escarmiento. ¡Todos pueden verlo! Incluso Kafka salió de su escondite y ahora se ríe. Es la sonrisa de Kafka. La carcajada vengadora de Kafka. Por eso los Zeus todopoderosos de hoy buscan que un águila mecánica se coma el hígado de Julien Assenge, ese australiano de la multitud que un buen día encontró algo y dijo “no”. Y mostró a los hombres el secreto, la cara y las arrugas clandestinas de ese poder. Lanzó al aire o al abismo el Armagedón de los secretos de estado.
Sólo podemos rebelarnos contra el poder. Y hoy el poder está ahí: en la información clasificada, en los archivos clandestinos, en los micrófonos ocultos. Los cuervos vuelan de forma virtual, pero siempre, por los siglos de los siglos, Macbeth estará a punto de asesinar otra vez al rey Duncan. La única diferencia es que hoy podemos saber qué ideas previas corren por su cerebro y cuánto miedo tiene de desobedecer a su mujer, porque todo lo pensado está escrito en algún lugar, clasificado y debidamente registrado. El pensamiento individual es apenas el insumo de ese monstruoso cerebro colectivo con millones de documentos, cartas, apreciaciones, transcripciones de charlas casuales. A las palabras ya no se las lleva el viento, pues regresan. Y a veces lo que fue comedia vuelve como tragedia.
Creíamos que la realidad era sólo una, pero no es así. Ahora lo sabemos, o lo recordamos. El arte ya nos lo había dicho, pero tal vez no lo escuchamos.
Existe la vida, claro. Y un poco más allá, el misterio denso de la vida.
*Escritor, filólogo, diplomático, columnista, corresponsal y periodista colombiano.